Por vueltas que da la vida y el cambio de necesidades en cuanto productos electrónicos, a finales del año pasado tuve que elegir entre renovar mi iPad o mi ordenador. La primera opción era la más barata, pero la segunda, que fue la elegida, la más inteligente, pues aunque el desembolso era mayor, podíamos deshacernos del iMac de 2010 que teníamos en casa y así los dos tener un buen ordenador con buen rendimiento.

Así que me decidí por un MacBook Pro con pantalla Retina de 15″. La configuración básica para este modelo. En cuanto a prestaciones es algo menor que el iMac que tenía antes (que ahora tiene mi pareja) pero para lo que necesito tiene una especificaciones fantásticas. No hace falta decir que estoy contentísimo con mi nuevo ordenador, pero este post no va de eso.

La elección fue difícil, sobretodo por cuestiones de almacenamiento. Mi iMac tenía un disco duro Fusion Drive de 1TB y mi nuevo MacBook tan sólo 256GB SSD. Para que os hagáis una idea, en el iMac me quedaban unos 400GB libres, con lo que los 256GB se quedaban cortísimos.

Así que me puse a investigar cómo podía hacer para no sufrir ante esa considerable pérdida de memoria.

Lo primero fue la decisión de empezar con mi nuevo ordenador desde cero, es decir sin volcar ninguna copia de seguridad y volviendo a instalar todo lo necesario. Con esto reconozco que me he dado cuenta de la cantidad de aplicaciones que tenía guardados en el ordenador sin necesidad alguna.  Para decidir si instalaba algo o no, pensé si lo había utilizado en los últimos meses. De no ser así, fuera. Sólo con esto, gané un espacio extra considerable.

Después, falta pasar toda la información del antiguo iMac al portátil. Lo lógico es pensar “pues tiro de discos duros externos” y si es cierto que así ha sido, he tenido en cuenta otras cosas importantes.

He tenido en cuenta el tipo de archivos que necesitaba almacenar y cuales necesitaba con más o menos frecuencia, para de esta manera almacenarlos en un lugar o en otro.

Ahora guardo mis archivos en 5 lugares:

  • MacBook: aplicaciones instaladas y archivos con los que estoy trabajando actualmente y aún necesito. Cuando ya quiero archivarlas, las muevo al disco duro USB.
  • Disco duro externo USB: Bibliotecas de iTunes, iPhoto, iMovie y Final Cut. Lo único malo de esto es no disponer de ello cuando no estoy en casa, aunque normalmente si no estoy en casa es que lo estoy utilizando para trabajar (con lo que tengo los archivos en el MacBook) o para estudiar (sólo necesito el navegador para entrar en la web de la universidad).
  • Tarjeta SD: La tengo permanente en el MacBook gracias al adaptador Nifty MiniDrive. Es un adaptador para tarjetas MicroSD que permite tener memoria extra en el Mac sin que sobresalga del mismo. ¡Me encanta! . Guardo cosas menores como apuntes, imágenes, etc… aunque la intención es comprar más adelante una MicroSD de 64GB (el máximo permitido con este adaptador) para ampliar la capacidad, simplemente.
  • NAS Synology: Lo tengo dividido en 2 volúmenes: En el primero guardo una copia de seguridad de los archivos más importantes del Disco duro externo USB, como mis trabajos de diseño, los archivos de Proyecto Japan o cosas personales. El segundo volumen lo tengo particionado en dos partes, en una guardo películas o series (que una vez veo, suelo eliminar) y en la otra hago copia de seguridad con Time Machine.
  • En la nube: Utilizo sobretodo mi espacio en iCloud (tengo suscripción de 200GB) pero también tiro de otros como Box y Dropbox.

Como veis, en el MacBook no guardo demasiadas cosas importantes , y cuando ya no las necesito tener ahí, las paso al disco externo, del cual voy haciendo copias en el Synology.

¿Y cómo gestiono estas copias?

Con una aplicación llamada Carbon Copy Cloner. Gracias a este software, automatizo copias entre discos duros y cada hora (puedes programarlo cada hora, cada día o cuando quieras) las carpetas que yo le he dicho se copian del Disco duro externo USB al Synology. Las ventajas de hacer esto son 1) Tener mis archivos importantes en dos lugares, con la seguridad que eso proporciona y 2) Poder acceder a estos archivos desde cualquier lugar gracias al sistema de Synology.

Esta aplicación cuesta 34€, aunque puedes descargarla y disfrutar de 30 días de prueba por si te pica la curiosidad. La verdad es que va realmente bien. Te notifica (en el escritorio o por mail) cada vez que finaliza una tarea y también si no ha podido realizarla. Es todo muy configurable, puedes ver todo lo que hace aquí.

De este modo, como ya he dicho, siempre tengo mis cosas importantes a salvo en dos sitios distintos y accesibles prácticamente desde cualquier lugar.

En definitiva: al principio cuesta acostumbrarse a cambiar el chip de tenerlo todo en el ordenador (siempre haciendo Time Machine en un disco externo, claro) a tenerlo todo en discos externos. Pero luego te das cuenta de que es muy sencillo una vez configurado.

¿Y tu, como organizas la información de tu ordenador?

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